¿Los perros tienen memoria?

Educación
Perro
 
 
A menudo se escucha decir que los perros no tienen memoria. Posiblemente, esta creencia se ha desarrollado cuando ha empezado a difundirse la idea de que para potenciar o corregir un comportamiento hay que actuar justo en el momento en el que el perro lo realiza, o no servirá de nada.
 
Sin embargo, cualquiera que haya vivido con un perro sabe que, efectivamente, tienen memoria. Si no, no podrían reconocer a las personas de su familia, ni tendría sentido educarlos porque, si no pudiesen retener información, cada día habría que empezar de cero.
 
El problema al educarlos no es tanto su capacidad de retención, como la de asociación. Si su comportamiento y nuestra reacción a él están distanciados en el tiempo, el animal no conseguirá ver la relación de causa-efecto entre su conducta y la consecuencia. Así pues si el perro mordisquea la pata de una silla cuando una persona se ha ido a trabajar y esa persona le riñe al cabo de 3 horas, incluso llevándole delante de la silla, el perro no llega a relacionar lo que estuvo haciendo hace horas con la reprimenda recibida.
 
La memoria natural del perro
 
Recordar las vivencias forma parte de la naturaleza del perro. Tener memoria mejora su adaptación al ambiente: sin memoria un animal, sobre todo uno que viva en un entorno complejo y cambiante, olvidaría dónde hay agua, donde encontrar comida o cobijo, dónde hay peligros, etc. Así que la memoria es fundamental para sobrevivir y permite a cada individuo ser como es. De hecho las experiencias y sus recuerdos cambian la manera de actuar de un animal. Lo sabe bien quien ha visto cambiar la conducta de su perro después de haber sido agredido varias veces por parte de otros perros: el recuerdo de las malas experiencias puede convertir un perro sociable en un perro inseguro en presencia de sus congéneres.
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¿Cuánta memoria tienen?
 
Medir cuánta memoria tienen los perros no es tarea fácil. Pero es sabido que tienen dos tipos de memoria: la memoria a corto plazo o memoria de trabajo, y la memoria a largo plazo.
 
La memoria de trabajo retiene pequeñas cantidades de información durante un tiempo breve, normalmente segundos, y las gestiona para llevar a cabo las tareas que el animal esté realizando en un momento dado. Sobre este tipo de memoria se han hecho diversos experimentos. Por ejemplo, en un estudio sobre memoria espacial, se calculó que los perros recuerdan el lugar exacto en el que han visto desaparecer un objeto que les interesa, como un juguete, por lo menos durante 4 minutos (en el estudio no se hicieron pruebas con tiempos superiores) incluso cuando lo pierden temporalmente de vista (Fiset et al., 2003). 
 
Una prueba parecida realizada con comida demostró que los perros pueden mantener el recuerdo de dónde ha desaparecido algo muy interesante durante 30 minutos (Miklosi, 2007). Además si han visto esconder cosas de diferente valor en lugares diferentes de una misma habitación, como por ejemplo un trozo de carne y uno de pan, cuando al cabo de 1-5 minutos se les deja explorar la habitación, no solo recuerdan cuáles son los lugares interesantes de la habitación sino que mantienen el recuerdo del contenido de cada ubicación y visitan primero el lugar donde han visto esconder la carne (Beritashvili, 1965). Sin embargo, cuando la tarea consiste en recordar el aspecto de un objeto en lugar que una ubicación, los perros parecen tener menos memoria, que en algunos casos ni alcanza los 10 segundos (Milgram et al., 1994).
 
La memoria a largo plazo guarda de forma duradera los recuerdos de los hechos significativos. Según el tipo de recuerdos que albergue, se divide en memoria no declarativa o implícita y memoria declarativa o explicita. 
 
La primera incluye la memoria procedimental, es decir la memoria de los hábitos y de las habilidades, y la memoria emocional. De la memoria implícita dependen conductas instintivas como el hecho de que un perro empiece a salivar ante los estímulos que suelen preceder su comida, que se asuste ante un estímulo que le ha asustado con anterioridad, o que suba una escalera o salte un obstáculo sin volver a aprender cómo se hace. 
 
La memoria declarativa permite recordar hechos y proporciona una representación del mundo. En las personas, esta memoria se recuerda de forma voluntaria y consciente y su estudio se basa en las declaraciones verbales de las personas, declaraciones que no se pueden utilizar para estudiar la existencia y funcionamiento de esta memoria en los perros. Aunque se trate de un tema difícil de estudiar en los animales, una investigación reciente proporciona una prueba de la existencia de la memoria declarativa en los perros. En dicho estudio, un grupo de perros entrenados para imitar a comando las acciones mostradas por parte de una persona ha sido capaz de repetir una acción hasta 24 horas después de la demostración de la persona (Fugazza y Miklosi, 2016). La capacidad de retener la representación mental de la demostración de la persona y de recuperar su recuerdo “a comando” cuando se necesite esta información después de un intervalo de tiempo sugiere que los perros tienen una memoria declarativa a largo plazo.
 
¿Pueden perder la memoria?
 
Lamentablemente sí. Los perros de edad avanzada pueden padecer un proceso degenerativo del sistema nervioso, llamado disfunción cognitiva, que en muchos aspectos es parecido a la enfermedad de Alzheimer de las personas. La disfunción cognitiva suele provocar problemas de pérdida de memoria y retraso en el proceso de aprendizaje: los perros a menudo no reconocen a individuos familiares o al ambiente donde viven, no recuerdan rutinas, no responden a ejercicios que antes conocían, no consiguen aprender ejercicios nuevos, etc. (González-Martínez et al., 2012). Así que, incluso de forma indirecta, el hecho de que los perros puedan perder la memoria, es una prueba más de que los perros tienen memoria.
 
Bibliografía
 
Beritashvili, I.S., 1965. Neural Mechanisms of Higher Vertebrate Behavior. (Trans. and Ed. Liberson, W.T.) Little Brown & Co, Boston. 
Fiset, S., Beaulieu, C., Landry, F., 2003. Duration of dogs'(Canis familiaris) working memory in search for disappearing objects. Animal Cognition, 6(1), 1-10. 
Fugazza, C., Pogány, Á., Miklósi, Á., 2016. Do as I… Did! Long-term memory of imitative actions in dogs (Canis familiaris). Animal cognition, 19(2), 263-269.  
González-Martínez, A., Rosado, B., García-Belenguer, S., Suárez, M., 2012. Síndrome de disfunción cognitiva en el perro geriátrico. Clin. Vet. Peq. Anim, 32 (3), 159-167. 
Horowitz, A., 2009. Disambiguating the “guilty look”: Salient prompts to a familiar dog behaviour. Behavioural processes, 81(3), 447-452. 
Miklosi, A., 2007. Dog. Behaviour, evolution, and cognition. Oxford University Press.
Milgram, N.W., Head, E., Weiner, E., Thomas, E., 1994. Cognitive functions and aging in the dog: acquisition of nonspatial visual tasks. Behav Neurosci 108, 57–68. 

 

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