¿Por qué los perros tienen miedo a los ruidos fuertes?

Perro

Se le conoce como sensibilidad o reactividad a los ruidos y es uno de los problemas de miedo más comunes en los perros. Según algunos estudios, hasta el 50% de los perros se asustan al oír algunos sonidos y una encuesta realizada entre los veterinarios españoles identifica la sensibilidad a los ruidos fuertes como el quinto problema de conducta más frecuente entre los perros.

De los perros sensibles a los ruidos, algunos solo tienen miedo mientras que otros llegan a tener una verdadera fobia. Y aunque miedo y fobia se utilicen como si fueran sinónimos, estos dos términos no quieren decir lo mismo. El miedo es una emoción fundamental para sobrevivir, que inicia cuando el animal detecta la presencia de un estímulo potencialmente peligroso: gracias al miedo el animal puede protegerse y evitar situaciones que podrían amenazar su seguridad.

En cambio, la fobia es una respuesta de miedo muy intensa y, sobre todo, desproporcionada con respecto al nivel de peligro al que está expuesto el perro. Esta respuesta puede aparecer incluso cuando el animal está expuesto a un estímulo no especialmente intenso y una vez que el perro empieza a reaccionar, le cuesta volver a relajarse incluso cuando el estímulo ya ha desaparecido. Además, un perro que tiene una fobia suele mostrar también claros signos de ansiedad cuando anticipa la llegada del estímulo fóbico.

Es el caso de muchos perros que tienen fobia a los truenos y se muestran ansiosos nada más detectar lo que han aprendido a relacionar con las tormentas, como el viento, la lluvia, el cielo gris, los cambios en la presión atmosférica, los relámpagos, etc. Por sus características, las fobias no se consideran respuestas adaptativas.

¿Cómo reconocer un perro sensible a los ruidos fuertes?

Estos perros pueden mostrar una gran variedad de reacciones fisiológicas y de comportamientos cuando oyen determinados ruidos: pueden mostrarse inquietos, caminar arriba y abajo, encogerse y meter la cola entre las piernas, quedarse totalmente inmóviles, mantenerse alerta, dar sobresaltos con facilidad, temblar, sacudirse, salivar en exceso, tener las pupilas dilatadas, vocalizar, esconderse, jadear, bostezar, orinar y/o defecar en casa, buscar la atención del propietario o quedarse a su lado, no tener apetito, vomitar e incluso hacerse daño o realizar destrozos en casa mientras intentan escapar.

Algunos perros desarrollan estas conductas de forma repentina, mientras que la mayoría lo hace de una forma progresiva, tras la exposición repetida a ciertos sonidos. A medida que la reacción del perro se intensifica, el animal puede empezar a reaccionar también en presencia de estímulos de menor intensidad.

Pero ¿de qué depende este miedo? En el caso de los perros, hay que buscar la respuesta a esta pregunta tanto en algunas características de los sonidos más temidos como en las características de los perros sensibles a los ruidos.

  • Cuestión de sonidos

Los sonidos más temidos por los perros se dividen en tres grandes grupos:

  1. los cortos y repentinos, p.ej. la música, las conversaciones y el tráfico
  2. los muy intensos, p.ej. petardos, tormentas, disparos, ruidos de motores
  3. los prolongados, p.ej. aspiradoras, televisión y sonidos de cocina

Entre estos, las tormentas, los petardos y los disparos son los sonidos más temidos. Además en el momento en el que un perro desarrolla miedo a uno de estos sonidos, fácilmente generaliza su sensibilidad al resto de sonidos intensos y explosivos, de manera que es fácil encontrar perros que tengan miedo tanto a petardos como a tormentas y disparos. Estos tres sonidos tienen en común algunas características, por ejemplo, todos son secos y de elevada intensidad.

  • Cuestión de perros

Ruidos aparte, no todos los perros son igual de sensibles a los ruidos fuertes. Tanto la genética y las características individuales como las experiencias del animal juegan un papel clave en determinar qué perros llegarán a desarrollar esta sensibilidad.

El rol de la genética parece ser clave y lo confirma el hecho de que los perros de diferentes razas tienen una diferente predisposición a padecer la sensibilidad a los ruidos. Entre las razas menos sensibles encontramos Labrador retriever, Cocker spaniel, Springer spaniel, Pointer, Boxer, Gran danés y Crestado chino. Por otro lado, algunas razas parecen más predispuestas a tener este problema. Es el caso de razas pocos conocidas como el Buhund noruego, el IrishSoft Coated Wheaten terrier, y el Lagotto Romagnolo y de algunas razas de pastoreo, como Border collie y Pastor alemán.

En cuanto al sexo del perro, no se ha detectado una relación clara con la sensibilidad a los ruidos. En cambio, varios estudios sugieren que los perros castrados, machos y hembras, tienen mayor probabilidad de ser sensibles a los ruidos fuertes, sobre todo si la castración se ha realizado en edad temprana.

También se ha detectado una curiosa asociación entre el miedo a los ruidos fuertes y la preferencia de los perros a utilizar una determinada pata para tocar los objetos, tendencia que refleja la lateralización de su cerebro: los perros que muestran una clara preferencia en el uso de la pata izquierda o derecha tienden a tener menos miedosos a los ruidos fuertes que los ambidiestros, es decir los que muestran menor lateralización del cerebro.

En cuanto a la procedencia del perro en el momento de la adopción, no está claro su efecto sobre el riesgo de desarrollar miedo a los ruidos fuertes. Sin embargo, el hecho de quedarse a vivir en el mismo lugar donde el perro se ha criado se asocia a un menor riesgo de padecer el problema. Posiblemente porque estos perros han sido expuestos desde pequeños a los estímulos acústicos que forman parte normal de su ambiente de vida.

De hecho, la falta de habituación a los ruidos fuertes durante las etapas tempranas de desarrollo parece implicada en el origen del problema tanto que se cree que la exposición a una serie de estímulos acústicos (p.ej. ruidos de motores, petardos, portazos, aspiradoras, voces fuertes) durante los primeros 6 meses de vida podría ayudar a prevenir el miedo a los ruidos fuertes.

Más allá de la falta de habituación, otras experiencias del perro podrían ser importantes en el desarrollo del miedo a los ruidos. Es el caso de las experiencias traumáticas que a menudo se consideran la causa principal de la sensibilidad a los ruidos. En realidad, aunque a veces sea justo una mala experiencia lo que marca el inicio del problema, en la mayoría de casos no hay ningún trauma detrás del miedo de los perros: pueden empezar a reaccionar a los ruidos sin más.

En algunos casos, los propietarios se han dado cuenta de que el problema ha aparecido tras ver la reacción de miedo a los ruidos fuertes mostrada por parte de otros perros. Este tipo de aprendizaje no parece ocurrir entre el perro y su propietario, aunque el comportamiento de los propietarios ante el miedo de su perro puede ser importante ya que un propietario que castiga a su perro por mostrar miedo a los ruidos fuertes podría estar contribuyendo a empeorar la respuesta del animal.

¿Qué hacer con un perro que tiene miedo a los ruidos fuertes?

Contrariamente a las expectativas de muchos propietarios, este problema no se resuelve solo y tiende a empeorar con la edad. Entre los pocos perros que mejoran sin tratamiento, la mejora a menudo depende de la pérdida de audición del perro.

Y aunque se trate de un problema muy frecuente y con tendencia a empeorar, sólo entre el 15 y 30% de los propietarios de perros con miedo a los ruidos busca ayuda profesional. Así que si tu perro tiene miedo o fobia a los ruidos fuertes, hablar con tu veterinario de confianza para buscar una solución puede contribuir de manera significativa a mejorar su bienestar.

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